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Audiencia N°36 – 26/5/2016

Un ex policía que admitió la responsabilidad de Jorge «Fino» Palacios en la investigación, un ex jefe de la Federal que no se sintió cómodo con el ex juez Juan José Galeano y un experto en terrorismo que por querer investigar el atentado y no a Ribelli, lo sacaron de la causa.Tres testigos que, por momentos, complicaron más a los imputados por encubrimiento.

Primero declaró quien fue el superintendente del Interior de la Policía Federal, Ángel Ramírez. Entre las oficinas que supervisaba, se encontraba la División Protección al Orden Constitucional (POC), a cargo al comienzo de Carlos Castañeda, el imputado con asistencia perfecta en este juicio.

«Me parecía que la investigación no avanzaba y cuando hubo recambio de jefes, yo no pedí que se quedara al frente del POC. Nunca lo vi en actitud. Era más bien inoperante», admitió.

Luego se refirió a la «fría» relación que tenía con el juzgado de Galeano, de quien se llevó una decepción al corroborar que no le pedirían participación en la investigación. Habló de una reunión organizada con el fin de evaluar hipótesis de investigación a la que concurrieron el exjuez, los exfiscales, Rubén Beraja y Rogelio Cichowolski (DAIA) y agentes de la SIDE. «Pero después se cortó y quedamos solos», expresó.

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También hizo referencia a una reunión con Galeano, Alejandro Perez Carrega (subsecretario de Seguridad de la provincia de Buenos Aires) y Armando Calabró (director de Investigaciones de la Bonaerense) en la que el exjuez  les presentó escuchas «muy confusas». «Galeano quería que investigáramos eso pero a mi no me asignó ninguna tarea. Me sentí usado porque el juez sólo quería presionar a los bonaerenses conmigo ahí, que era de la Federal», admitió.

El testigo Salomone

Carlos Alberto Salomone, un hombre que respondía al «Fino» Palacios desde la División Operaciones Federales de la Superintendencia de Drogas Peligrosas, contó que sólo participó unos 20 días en cuestiones puntuales de la investigación del atentado, como la detención a Carlos Telleldín y un allanamiento a la familia Kanoore Edul.

De lo poco que pudo recordar y contar -considerando que por su declaración testimonial en el juicio por el atentado ante el TOF 3 (2001-2004) Salomone fue denunciado por falso testimonio- surge el horario de llegada al local comercial de los Kanoore Edul y el tiempo transcurrido hasta ser efectivamente allanado. «Llegamos muy temprano pero la orden de ingresar recién nos la dieron por la tarde. Estuvimos todo el día», afirmó y explicó que el único que le daba órdenes era Palacios, quien a su vez tenía suma confianza con el juez de la causa.
El experto en terrorismo
Jorge González, según contó, participó de la investigación del atentado desde el POC hasta fines de 1995, cuando fue denunciado por el juzgado de Galeano luego de una «operación mediática inventada en su contra». Fue uno de los agentes que, cuando le pidieron opinión, estuvo en contra de ahondar en la pista que vinculaba a los policías de la Bonaerense (que finalmente fueron detenidos e imputados) con la conexión local del atentado. «Eran superdelincuentes disfrazados de policías pero fundamentalistas, no. Los usaron de chivos expiatorios porque los delitos de Ribelli les calzaban justo», expresó.
Y sobre el abandono de la «pista siria» no dudó en afirmar: «El que descarta la pista siria es el juzgado. El de mayor poder de ese momento. El que casi no nos dejaba leer la causa y tenía partes reservadas», dijo y siguió «La vinculación siria con el atentado surgía de la simple lectura atenta de la causa. Faltaba que le pusieran flechas de colores indicando que Kanoore Edul estaba metido. En cambio, le hicieron un allanamiento sin rigor investigativo y quedó como una diligencia».
A su vez, habló de la mentira de los políticos del momento que se atribuían estar brindando los mayores recursos a la causa que era «la más importante el país». Según dijo González, «Hacia adentro ese discurso era mentira. No teníamos computadoras, ni papel, impresoras, ni sillas. Íbamos a allanar en autos Renault 6. Había desinterés y despreocupación. De los puestos políticos para arriba sabían perfectamente lo que pasaba».
Sin embargo, mencionó, la SIDE sí tenía todo el equipamiento necesario y de hecho estorbaban la investigación policial. «SIDE y Juzgado eran uno. A cada lugar que íbamos a investigar, ellos ya habían estado y dejaban todo roto. Eran elefantes en bazares. Pero, con el peso que tenía Galeano, no podíamos ir a quejarnos. Podías terminar en Ushuaia o Mar del Plata», remató.
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