CAUSA AMIA: UNA TRAGEDIA ARGENTINA
Treinta y dos años.
Hace treinta y dos años el terrorismo cambió nuestras vidas para siempre.
Cuando miramos hacia atrás entendemos que aquel 18 de julio no perdimos solamente a ochenta y cinco personas. Perdimos historias, proyectos, futuros. Quedamos atravesados por una tragedia que todavía no termina.
Porque la Causa AMIA no es solamente la historia del dolor de las víctimas y de sus familias.
Es una tragedia argentina.
Lo es porque un atentado terrorista asesinó a ochenta y cinco personas en nuestro país. Lo es porque la investigación estuvo durante décadas atravesada por irregularidades, encubrimientos y falta de respuestas. Y lo es porque, más de tres décadas después, nuestra democracia sigue teniendo una deuda pendiente con la verdad y la justicia.
Esa tragedia tiene nombres. Tiene rostros.
Yo perdí a Andrés, mi marido. Mis hijas crecieron sin su padre. Adriana perdió a Noemí, su hermana. Jorge y Norma perdieron a Agus, su hijo. Nico perdió a su hermano. Humberto quedó con heridas para siempre. Ana Clara y Lucía crecieron sin su mamá.
Cada familia tiene una historia distinta. Cada ausencia tiene un nombre. Y detrás de cada nombre hay una vida que fue interrumpida para siempre.
Pero la tragedia no termina en ese dolor.
La verdadera tragedia también es política.
Es la tragedia de un Estado que no garantizó una investigación independiente y eficaz, y que muchas veces prefirió encubrir antes que investigar. Es la tragedia de una Justicia que permitió que una causa de esta magnitud quedara atrapada entre maniobras, responsabilidades pendientes y décadas de impunidad.
La impunidad no es solamente la ausencia de respuestas.
Es el resultado de decisiones y omisiones que se sostuvieron durante años.
Es una decisión política que se renueva gobierno tras gobierno.
Por eso, treinta y dos años después, todas nuestras historias siguen teniendo algo en común.
Seguimos esperando verdad y justicia.
La deuda del Estado
Durante estos treinta y dos años cambiaron gobiernos.
Cambiaron funcionarios.
Cambiaron jueces.
Cambiaron fiscales.
Cambiaron hipótesis.
Pero las preguntas siguen siendo las mismas.
¿Quiénes fueron responsables del atentado?
¿Quiénes lo ejecutaron?
¿Quiénes colaboraron?
¿Y por qué todavía no conocemos toda la verdad?
Hace dos años, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado argentino por las graves irregularidades cometidas en la investigación del atentado.
Esa sentencia tiene un valor histórico. Reconoce algo que las víctimas venimos diciendo desde hace décadas: que la falta de verdad no fue una consecuencia inevitable. Hubo decisiones. Hubo irregularidades. Hubo responsabilidades. Hubo encubrimientos.
Pero la sentencia no habla solamente del pasado.
Impone obligaciones para el presente.
El Estado argentino debe cumplir las medidas ordenadas por la Corte. Debe garantizar una investigación eficaz, independiente y transparente. Debe avanzar en la apertura de los archivos de todos los organismos de inteligencia y seguridad.
Por eso hoy preguntamos:
¿Qué medidas concretas se adoptaron para cumplir esa sentencia?
¿Qué avances reales hubo en la apertura de los archivos?
¿Qué cambios se implementaron para garantizar que la verdad pueda ser finalmente conocida?
Seguimos esperando respuestas.
Treinta y dos años después todavía hay información oculta. Documentos que desconocemos. Archivos incompletos. Material desclasificado cubierto de tachaduras. Información que llegó tarde, fragmentada o que apareció cuando durante años se aseguró que no existía.
Cuando una investigación necesita más de tres décadas para empezar a revisar sus propios archivos, algo está profundamente mal.
EL JUICIO EN AUSENCIA
La UFI AMIA solicitó avanzar hacia un juicio en ausencia para los ciudadanos iraníes y libaneses acusados de haber participado en el atentado y que permanecen prófugos. Ese pedido fue aceptado por el juez de la causa y confirmado por la Cámara de Apelaciones. Hoy la decisión final está en manos de la Cámara Federal de Casación Penal.
Aunque la resolución todavía se demora, no hace falta ser adivinos para imaginar cómo terminará.
Queremos volver a decir, con absoluta claridad, lo mismo que sostuvimos desde el primer día.
Nuestro cuestionamiento al juicio en ausencia nunca fue, principalmente, un cuestionamiento constitucional. Ese debate corresponde a quienes son especialistas en la materia.
Nuestra preocupación es otra.
Nos preguntamos si esta herramienta puede resolver aquello que treinta y dos años de investigación todavía no lograron resolver.
Porque para condenar hace falta prueba.
No alcanzan los informes de inteligencia.
Y el gran problema de esta causa, el que durante demasiado tiempo se evitó discutir, es precisamente ese: transformar información de inteligencia en prueba judicial válida.
Un juicio sin los acusados presentes no resuelve ese problema.
Lo deja intacto.
Por eso creemos que toda herramienta judicial debe responder una pregunta esencial:
¿Nos acerca realmente a la verdad y a la justicia?
Una sentencia no puede convertirse en un simple cierre formal de un expediente.
Ese intento ya ocurrió y fracasó.
Una sentencia sólo tendrá sentido si está acompañada por una verdad que la sociedad pueda conocer, comprender y aceptar.
Después de treinta y dos años, nuestra mayor preocupación no es únicamente si habrá una sentencia.
No buscamos una respuesta conveniente.
No buscamos una verdad construida para clausurar una causa.
Nuestra preocupación es que esa sentencia no termine reemplazando a la verdad y creemos que eso es precisamente lo que eso va a suceder porque su único interés es cerrar la causa AMIA.
Buscamos la verdad.
La única que puede hacer justicia y por estas razones hemos decidido no presentarnos como querellantes de este juicio en ausencia.
LAS NOVEDADES DE LA CAUSA
Treinta y dos años después, la causa sigue registrando novedades.
La UFI AMIA incorporó un nuevo acusado, Alí Asghar Hejazi, otro alto funcionario del régimen iraní, y solicitó su captura internacional. Ya son once los imputados prófugos en este expediente.
Al mismo tiempo, el equipo que trabaja sobre la desclasificación de los archivos de inteligencia presentó nuevos informes que, lejos de despejar las dudas, vuelven a mostrar las enormes fragilidades sobre las que se construyó esta investigación.
Uno de esos informes llamado «Agendas de Telleldín», reconstruye una investigación realizada por la ex SIDE a partir de un supuesto número telefónico que habría estado vinculado a Carlos Telleldín y que, según la propia información de inteligencia, pertenecía al entorno más cercano de Mohsen Rabbani.
Más de treinta años después seguimos sin saber cuál era el verdadero origen de ese dato, si provenía efectivamente de las agendas secuestradas a Telleldín o si tenía algún grado de credibilidad.
Lo que sí sabemos es que la SIDE consideró esa información lo suficientemente importante como para investigarla y que el resultado de esa investigación nunca llegó al juzgado.
Treinta y dos años después seguimos sin saber qué encontraron ni por qué lo ocultaron.
No puede olvidarse que buena parte de las actuaciones vinculadas con Telleldín fueron anuladas cuando quedaron al descubierto las maniobras ilegales cometidas por el entonces juez Juan José Galeano, los fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia, todos ellos sin condena firma por encubrimiento, junto con integrantes de la SIDE que participaron de aquella investigación.
El segundo informe, «Caso Trío», reconstruye la historia de un testigo iraní conocido como «Testigo A», cuya declaración fue utilizada para sostener parte de las acusaciones que aún hoy permanecen vigentes.
Sin embargo, la propia documentación de inteligencia incorporada por la UFI indica que ese testigo habría recibido dinero para declarar, con conocimiento del juez Galeano y con la participación de un colaborador del entonces presidente de la DAIA, Rubén Beraja.
Otra vez aparecen los mismos nombres.
Los mismos métodos.
La misma lógica.
Manipular la investigación en lugar de esclarecerla.
La verdad es que ya nada de esto nos sorprende.
Cada vez que logramos remover una nueva capa de encubrimiento, no aparece la verdad.
Aparece más corrupción.
Más operaciones de inteligencia.
Más impunidad.
MEMORIA
Y, sin embargo, seguimos aquí.
Año tras año.
En esta plaza.
Porque la memoria no consiste solamente en recordar.
La memoria también es resistir.
Es negarse a aceptar que el paso del tiempo convierta la injusticia en algo normal.
Por eso hoy queremos rendir homenaje a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
Ellas nos enseñaron que frente al silencio hay que preguntar.
Que frente a la indiferencia hay que insistir.
Que la memoria no es un ejercicio del pasado, sino un compromiso con el presente y con el futuro.
Su lucha forma parte de la historia democrática de nuestro país y sigue siendo una guía para todos los que reclamamos verdad y justicia.
Muchas veces nos preguntamos por qué seguimos viniendo.
Por qué seguimos de pie en esta plaza cada aniversario.
La respuesta es sencilla.
Porque nos negamos a aceptar que la impunidad sea inevitable.
La Causa AMIA es una tragedia argentina.
No solamente por el atentado que se llevó ochenta y cinco vidas.
También porque, durante más de tres décadas, la impunidad, los encubrimientos y la falta de justicia prolongaron esa tragedia.
Un país no puede construir su futuro sobre una verdad incompleta.
Y una democracia no se fortalece cuando aprende a convivir con la impunidad.
Por eso seguimos aquí.
No porque seamos ingenuos.
No porque creamos que el paso del tiempo resolverá aquello que el Estado no resolvió.
Seguimos aquí porque aprendimos que cuando los familiares bajan los brazos, la impunidad avanza.
La memoria no consiste solamente en recordar a quienes nos fueron arrebatados.
Consiste también en impedir que la mentira, el encubrimiento y la corrupción escriban el final de esta historia.
No aceptamos que la impunidad sea un destino.
Seguiremos reclamando hasta conocer toda la verdad.
Seguiremos reclamando hasta que haya justicia.
Gracias a todos los que hoy nos acompañan.
Gracias a quienes estuvieron desde el primer día.
Y gracias también a quienes se fueron sumando con el paso de los años.
Gracias por no resignarse.
Gracias por no aceptar la injusticia como si fuera algo natural.
Gracias por seguir abrazándonos.
Gracias por sostener, junto a nosotros, la Memoria Activa.
Porque mientras exista memoria, seguirá existiendo la obligación de buscar la verdad.
Y mientras esa verdad siga pendiente, seguiremos reclamando justicia.
No por nosotros solamente.
Por las ochenta y cinco personas asesinadas.
Por sus familias.
Por la democracia argentina.
Porque la Causa AMIA sigue siendo una tragedia argentina.
Y porque ninguna tragedia puede encontrar un verdadero final mientras la verdad permanezca oculta y la impunidad siga ocupando el lugar de la justicia.
Justicia.
Justicia perseguiremos para poder vivir en paz.




Fotos: Memoria Activa