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Discurso Daniel Goldman 30 años

En primer lugar transmito mis saludos a todos ustedes de Marianela y Marcela Kreiman.

A partir del 18 de julio del 94, las hijas de Susy Kreiman, hallada bajo los escombros de la Amia, se transformaron en una suerte de hijas de mi familia. 

Gran parte de los Kreiman hoy viven en Israel. Y desde el fatídico 7 de octubre, nos pasa como a muchos de los que están acá… y es el llamado telefónico cotidiano de la mañana, para saber que están bien.

Pido por el retorno de los secuestrados. 

Rezo por que se renueve la paz. 

Cuando la tragedia te toca con familiares y amigos, aprendés de la experiencia, que hay sensaciones y dolores que el tiempo homologan…

Y aprendés también que hay fechas que se cruzan.

Y a propósito: 

Si en las efemérides nacionales, el mes de julio representa tiempo de independencia…

Desde hace 30 años, ese mismo tiempo, en el calendario judeo-argentino se configura como los Iamim Noraím, mal traducidos como altas fiestas, porque su acepción es “Días Terribles”.

Son los días terribles del calendario judeo-argentino.

Estos Iamim Noraim, estos días terribles se ven acompañados por una legendaria e infatigable liturgia, que se inicia con el toque de shofar, un ritual de irritable solemnidad, 

se entremezcla con la lista de nombres, 

después palabras, 

y a veces alguna que otra canción o melodía. 

En el gélido frío del 18, todo un servicio religioso.

Una temperatura que se traduce en la “plaza”, espacio que, en vez de ser habitado por los juegos, es “desplazado” en un certamen de dolor.

Recuerdo cuando hace años atrás, un alto dirigente político, con respecto a los desplazados de esta plaza, usó una frase petulante, y que él consideraba menor.

Con un tono lacerante y despectivo pronunció: 

“hablan desde el dolor”.

Como si hablar desde el dolor no fuera el grito hondamente genuino. 

Como si hablar desde el dolor no fuera el grito hecho palabra, el habla desde el sufrimiento de la existencia, que describe el amor truncado y arrebatado.

El habla que pronuncia la exigencia de justicia, desde un lugar, la plaza, 

desde hace 30 años termina refiriendo a contornos y contenidos de maldad suprema e incomparables.

Rememorar 30 años en el espacio de la plaza, remite al lugar público por definición. 

Es desde aquí, desde la plaza, que quisiera dar un salto numérico ligado a mi tradición.

10, 25, o 50 años contienen un carácter conmemorativo del orden secular. 

Pero 30 años atesora un sentido religioso…. 

La Biblia hebrea, de manera reiterada repite, redunda, refrenda la frase:

“Ele toldot”, “Estas son las generaciones”

Y de un modo preciso y de una manera cronometrada, cuando dice “Estas son las generaciones”, está pronunciando “Estos son 30 años”.

En la Biblia, 30 años es una generación. 

Y cuando insiste en “Estas son las generaciones”, lo que está expresando es: “Estos son los relatos de una generación”. 

Porque en la pedagogía bíblica, “Generación y Relato” son sinónimos. 

Y porque no hay generación si no tenés lo qué decir…

Y porque no hay legado si no tenés lo qué transmitir…

El relato en la memoria no es la narración específica de los pasos que damos; sino esencialmente las huellas que marcamos… 

NO SON PASOS, SINO HUELLAS. 

En las generaciones las huellas son las que constituyen el legado.

Por lo tanto: 

Hay generación si hay legado//// 

Hay legado si hay relato, ////

y hay relato si hay memoria.

Detrás de este potente número simbólico de los 30 años, 

qué legado, y qué memorias dejamos aquellos que estamos aquí, a la próxima generación…

aquellos que hace 30 años teníamos 30, o 30 y algo…

Porque solo pasó una generación para contar un relato.

¿Y cuál es? ¿Y cuál será el relato?

Relatar puede ser una conducta para recuperar la memoria, o un ejercicio para neutralizarla.

Entonces, ¡cuáles serán las huellas que marcamos en la conciencia de la próxima generación, sabiendo que un encubrimiento es una adulteración, que un encubrimiento es la contracara del des-cubrimiento!

En definitiva: 

¿Cuál será la saga de nuestra biografía colectiva?  

No vienen al caso los ejemplos, 

pero el propio texto bíblico me indica que siempre que en una generación circula una gran mentira, del mismo modo se instala un miedo al descubrimiento de la verdad.

Y vuelvo con otra intervención bíblica:

Una de las palabras que más se repite en la Torá es “Zajor”.

Zajor, recordá. 

Se reitera en las diversas formas no menos de 175 veces. 

¡Y Esto quiere decir que mucho!!

La memoria puede ser total o parcial, 

puede ser seria o jugar trucos, 

puede ser rígida o maleable,

puede ser líquida o sólida. 

puede ser Selectiva o abarcativa. 

puede ser Visual o auditiva. 

puede ser Brutal o sutil. 

Puede registrar lo que imaginamos o lo que ocurrió realmente.  

Puede ser agria, edulcorada, o dulce sin aditivos.

¿Cuáles serán las combinaciones reflejadas o espejadas hacia adelante, 

en la lista de nuestras memorias?

Y una última observación bíblica. 

Así como “Zajór”, “recordá” es una palabra hartamente reiterativa,

¿Cuál es la frase que más se repite en la Biblia?

No la palabra, la frase…

No les pido que arriesguen.

Yo pensé que la frase tenía que ver con algún ritual, o una declaración teológica…

Pero no. 

La expresión que más se repite en el Tanaj, en la Biblia es “Al Tirá”, 

No temas, no tengas miedo.  

¡Que bárbaro, no!!

Si “recordá” es la palabra que más se repite, 

“No tengas miedo” es la frase que más se reitera!!

Más de ochenta veces, la metáfora divina dice “Al Tira”, “no tengas miedo” no estés asustado. 

Le dice a Abraham “no tengas miedo”, 

Le dice a Isaac “no tengas miedo”, 

Le dice a Jacob “no tengas miedo”, 

Le dice a Moises “no tengas miedo”, 

Le dice a cada uno de los profetas “no tengas miedo”, 

y le dice a la gente, a nosotros. “no tengas miedo”. 

Pero en el caso de que tengas miedo, que ese miedo no te paralice.

Qué memoria transferimos significa qué valores legamos.

Lo que en definitiva describe qué generación somos y cómo soñamos que la próxima lo sea. 

En el recuerdo de mi primo Pablo Jacoby, a quien abracé por última vez en esta plaza, rindo tributo a quienes no están.

En esta plaza, recupero la memoria de Memoria Activa.

En el ejemplo de Diana y Adriana y de cada uno y de todos los familiares a quienes admiro, junto a cada uno de los activistas comprometidos con la vida, que son testigos y modelo para las generaciones futuras, recupero la memoria de una generación.

Recupero la memoria en sus modos de abrazar utopías y en sus luchas contra la banalidad, la enajenación y el desaliento. 

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